MALAS POSTURAS Y LOS TRASTORNOS DE LA ATM

Con frecuencia las cefaleas o la rigidez cervical tienen que ver con un problema mandibular, fruto a su vez de una mala postura. Para solucionarlo es necesario considerar el organismo de forma global.


MALAS POSTURAS Y LOS TRASTORNOS DE LA ATM

La experiencia diaria con pacientes y los artículos científicos publicados en los últimos años demuestran que existe una conexión entre la mala postura y los problemas mandibulares. A su vez, las lesiones cervicales también afectan a la mandíbula de manera negativa, creando tensión y limitando sus movimientos.

Para comprender y solucionar estos problemas, es imprescindible un enfo­que global e individualizado de cada ca­so, así como una colaboración entre los profesionales especializados en tratar estos desequilibrios. El Odontólogo Especialista y el Fisioterapeuta Especiali­zado mejoraran la estabilidad mandibular, el reequilibrio de las cadenas musculares y la mejora la posición de la cabeza y el cuello en relación a la espalda y los hombros. La terapia man­dibular y postural permite a la persona integrar los cambios en su esquema cor­poral de manera progresiva. Además, al trabajar sobre la conciencia corporal y la respiración, le ofrece beneficios neuro­vegetativos, emocionales y energéticos.

UN DOLOR MUY HABITUAL

dolor de cabeza y rigidez

Muchos pacientes con sintomatología leve no son diagnosticados y piensan que padecer dolor de cabeza y rigidez en el cuello de vez en cuando es normal. Otros, desgraciadamente, sufren dolor cada vez con más intensidad y frecuen­cia. Además padecen la incertidumbre de no conocer la causa de sus males.

Se calcula que más de la mitad de la población ha padecido o padecerá trastornos de la ATM. Lo sufren más las mujeres (en una proporción de 3 a 1) y afecta más a adolescentes y personas en edad laboral. Se ha observado que en el 75% de los casos existe una alteración de la postura correcta de la espalda. Es­te desequilibrio afecta especialmente a la columna cervical.

Muchas causas pueden provocar los trastornos de la ATM pero en la mayoría de casos crónicos hallamos el estrés y la hiperactividad de los músculos cervica­les y de masticación.

Gran parte de los dolores de espalda y cuello más comunes, así como mu­chas cefaleas tensionales, se relacionan con este trastorno. Las personas que lo padecen de manera crónica pueden lle­gar a sufrir pérdidas de memoria, aten­ción e incluso síndromes depresivos le­ves, relacionados con el estrés crónico.

LA CONEXIÓN CON LA POSTURA


LA CONEXIÓN CON LA POSTURA

La postura es un factor esencial en es­te tipo de lesiones. Conexiones nervio­sas y anatómicas explican que los des­equilibrios posturales alteren el sistema mandibular y viceversa.  

Cuando la boca, debido a las tensio­nes, tiene dificultades para abrirse y ce­rrarse con normalidad, los músculos del cuello sufren las consecuencias. Con el tiempo, la tensión se hace crónica. La columna cervical pierde su flexibilidad y su forma natural, lo que predispone a una futura artrosis y, posiblemente, a años de dolor de espalda.

La postura corporal está ligada a la salud de la persona, pues garantiza la correcta posición de todos los órganos y su funcionamiento. Cuando es ade­cuada, permite una buena respiración, la irrigación sanguínea de todos los teji­dos y una posición adecuada de pelvis, piernas y plantas de los pies. Toda defi­ciencia funcional, orgánica, de carácter psíquico o emocional tiene influencia en la postura. El desequilibrio de las ca­denas musculares, el sedentarismo y la tensión muscular crónica afectan nega­tivamente a la columna vertebral y a la movilidad del sistema mandibular.

Actualmente debido a malos hábitos posturales: al dormir (dormir boca abajo, apoyado la cara en la mano), al trabajar (mala postura por trabajar con la computadora u otras actividades), al estudiar (las posturas que se adquieren con las laptop, celulares, tablets), actividades comunes como ver TV echado en la cama, de lado), cargar mucho peso o las famosas mochilas llenas de libros y colgadas de los hombros, entre otros.

   

Todo lo mencionado anteriormente, hace que estos trastornos se agraven o se presenten cada vez con mayor frecuencia. Si bien estos hábitos pueden generar dolencias principalmente en adultos, existe un incremento preocupante de casos en jóvenes y niños ya que ellos son los principales usuarios de toda la tecnología que indirectamente induce a malos hábitos posturales.        

El desconocimiento social de estos problemas y su difícil diagnóstico expli­ca que puedan pasar varios meses entre la aparición de los primeros síntomas y un diagnóstico correcto. Durante este tiempo, al no controlar la situación, la persona puede sufrir estrés, lo que refuerza y croni­fica el dolor, y le generará una percep­ción negativa de su cuerpo como lugar donde reside el dolor.

TENSIÓN INCONSCIENTE

Cuando el dolor mandibular dura me­ses, sea cual sea su causa inicial, deja de existir en relación con el problema mus­cular o articular original y se convier­te en una tensión corporal inconsciente que se integra en la postura de mane­ra automática. Así, los síntomas pueden aparecer ante desencadenantes de tipo social y situaciones emocionalmente es­tresantes que hagan aumentar la tensión.

El desconocimiento de este comple­jo mecanismo psicosomático, tanto por parte del paciente como de los profe­sionales de la salud, genera un círcu­lo vicioso de desesperanza, ansiedad y bloqueo físico. Esta situación afecta de manera negativa a la postura, a la res­piración y al equilibrio neurovegetativo.

Este mecanismo es global: implica un gran círculo vicioso que precisa de una terapia también global, realizada por profesionales abiertos a adaptar sus tra­tamientos a cada persona.

Para reeducar la postura e integrar en ella un sistema mandibular equilibrado, es preciso realizar un análisis individual de las cadenas musculares, que permi­ta mejorar la postura de cabeza y cue­llo. En paralelo, el Odontólogo Especialista mejora­rá la postura maxilar y mandibular a través de diversos tratamientos. Al integrar las nuevas sensaciones de su boca en la di­námica global, la persona tomará con­ciencia de una mejor postura y de unos movimientos más libres. En definitiva, de un bienestar general, ausencia de do­lor y una mejor conciencia de su mandí­bula y de su cuerpo.

REEQUILIBRAR GLOBALMENTE

REEQUILIBRAR GLOBALMENTE

El tratamiento tiene como objetivo me­jorar la propia percepción del cuerpo, aliviar el dolor y mejorar la movilidad mandibular y cervical. Todo ello gra­cias al reequilibrio global de las cade­nas musculares, relajando los músculos contracturados y tonificando los mús­culos atrofiados. Se utilizan estiramientos globales, técnicas de masaje y ejerci­cios de relajación. Asimismo, se persi­gue que la persona tome conciencia de los ritmos corporales bloqueados, espe­cialmente de la respiración. Esta es una terapia corporal, fundamentalmente del sistema muscular y osteoarticular, pero que tiene repercusiones muy positivas en otros planos funcionales como la circulación, respiración, equilibrio y factores emocionales.

BUENOS Y MALOS HÁBITOS

Utilizamos la mandíbula cientos de veces al día para respirar, comer, ha­blar... Además, los músculos mandibu­lares también forman parte del sistema postural, al relacionarse con la colum­na cervical y el cráneo. Es habitual que aparezcan tensiones por sobrecarga, que a la larga afectan a toda la columna vertebral. A estas molestias se añaden los desequilibrios globales de la postu­ra, los trastornos de las posiciones de los dientes y el estrés general.
Para mejorar y prevenir los trastornos de la ATM hay que evitar la hiperacti­vidad mental y laboral, una mala postu­ra corporal, morderse las uñas, mordis­quear lápices, masticar chicle, respirar por la boca, comer alimentos muy du­ros y abusar de estimulantes (cafés, be­bidas de cola…).

Conviene, por otra parte, adquirir buenos hábitos:

  • En reposo, la punta de la lengua debe «descansar» en la parte anterior del pa­ladar, como si se fuese a decir «no».
  • Dormir de ambos lados y boca arriba 7-8 horas al día.
  • Realizar actividad física aeróbica (ca­minar, correr, nadar, bicicleta o deporte de equipo) al aire libre (preferentemen­te al borde del mar o en zona boscosa) al menos dos veces por semana.
  • Cantar, reír, comunicarse con otros…
  • Practicar técnicas de relajación senci­llas basadas en la toma de conciencia corporal diez minutos al día.